| Tulsa soporífera | ||||
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Tulsa actuó el jueves 6 de mayo en Zaragoza. ¿Quieres saber lo que pasó? Quien haya escuchado a Miren Iza alguna vez, sabrá que si va a uno de sus conciertos no va a ser para partirse las caderas de bailar, saltar o gritar. Hasta ahí, todos deberíamos estar de acuerdo. Obviamente, no todos los autores ni todas las autoras van a dedicarse a fabricar canciones que meneen el esqueleto, sería aborrecible y además frenarían la carrera de los calcos bisbaleros; ya se sabe: “Bulería, bulería, tan dentro del alma mía…” o algo así. Sin embargo, cuando se hacen canciones pausadas, de lentitud anunciada por necesidad de lo que se expresa, éstas requieren llegar un poco más allá. Ciertamente, desde que servidor escuchó “Espera a la pálida” dedujo que era un disco cojo, algo vacío; por desgracia, no me pareció que hubiera llegado a dar ese salto necesario. Y en esta tónica se desarrolló el concierto que Tulsa ofreció el jueves en Zaragoza. Tanto la voz como la banda estuvieron excelentes, sin error alguno, precisos en todo momento. Pero ocurrió algo que odio en los conciertos: la lejanía. En una sala pequeña, con unas setenta u ochenta personas de público, parecía que Miren y los suyos estaban a kilómetros de un escenario a ras de suelo. Las canciones se sucedían una detrás de otra, y a los pocos minutos de comenzar el concierto, yo ya había perdido la atención por lo que podía suceder en el escenario. De hecho, un fallo en la iluminación de la sala, que nos dejó a todos alumbrados por las luces de emergencia, fue el instante más atractivo y sorprendente de toda la velada. No exijo con esto el cachondeo o la broma de alguien que interpreta unas canciones a las que no les corresponde esa actitud, pero existe un lenguaje mucho más sutil entre quien mira y quien toca que se puede alcanzar con mucha elegancia, casi sin despeinarse. Tulsa debería mejorar eso, la trascendencia comunicativa de lo que no se dice; y buscar en futuros trabajos canciones que se enmarquen en un determinado estilo pero que vuelen solas, sin monotonía, sin causar sopor. Puedes seguir a Juanma Fernández en su blog
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